
Retrocedamos en el tiempo. Año 2001. Sony, Toshiba e IBM firman un acuerdo que supondrá el desembolso de 400 millones de dólares durante 5 años, que se destinarán a creación del chip Cell, el cual sería el encargado de mover la lejana, por aquel entonces, PlayStation 3, con una fecha de lanzamiento fijada para las Navidades de 2005. El centro de operaciones se fija en las instalaciones que IBM posee en Austin (Texas), a donde se desplazan también equipos de ingenieros de Sony y Toshiba, para avanzar lo más rápidamente posible en el desarrollo de este microprocesador que pretenden que sea "revolucionario". Damos un pequeño salto en el tiempo. Año 2002. Microsoft entra en negociaciones con IBM para que esta compañía sea la encargada de la realización del "corazón" de la segunda consola de Microsoft, la Xbox 360. Nos vamos ahora al año 2003. Un ingeniero de IBM, de nombre Adam Bennett le enseña a Microsoft características sobre un chip llamado Cell que está en desarrollo en ese preciso momento, a Microsoft le resulta interesante y acaba contratando a IBM para que fabrique un chip propio para su futura consola, pero el cual, y aquí está el quid de la cuestión, estaría diseñado utilizando partes del proyecto que IBM estaba desarrollando en ese momento con Sony y Toshiba. La pregunta que muchos se plantean es, ¿podía hacer esto IBM? La respuesta es sí.



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